Albistea

  • TAV: más velocidad para la destrucción

    2010-05-06
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    Ninguna de estas fuerzas que apoya el TAV pone en cuestión la necesidad de realizar esta macroinfraestructura cuyas consecuencias son, como mínimo, muy debatibles. El impacto medioambiental que supone es obvio por mucho que se quiera minimizar

    Luis Iriarte*, 06/05/2010. Recientemente el Gobierno de Navarra aprobó el texto del protocolo que se firmará con el Ministerio de Fomento para la puesta en marcha del corredor ferroviario de alta velocidad Pamplona-Zaragoza presupuestado en más de mil millones de euros. El Gobierno foral anticipará el coste de las obras en suelo navarro y no descontará este coste de la aportación navarra fijada por el Convenio Económico hasta dentro de dos años. Lo que obligará al Ejecutivo foral a embarcarse en nuevos préstamos para hacer frente a esta inversión. Ante el anuncio de este acuerdo la clase política institucional aplaude aliviada. Sin embargo, ninguna de estas fuerzas pone en cuestión la necesidad de realizar esta macroinfraestructura cuyas consecuencias son, como mínimo, muy debatibles. El impacto medioambiental que supone es obvio por mucho que se quiera minimizar: una nueva cicatriz dividirá el territorio creando el efecto barrera; requerirá de cantidades ingentes de cemento cuya industria es una de la principales responsables de la emisión de gases de efecto invernadero; ocupará grandes extensiones de tierra; exigirá más explotación de canteras… Para conseguir la aceleración de los trayectos demanda crecientes cantidades de energía cuya base son centrales nucleares o térmicas como las de Castejón. El coste de su construcción y mantenimiento es ingente. El Gobierno habla de más de mil millones de euros, pero no es descabellado afirmar que se incrementará hacia más de 3.000 millones. Más aún teniendo en cuenta que su explotación comercial es deficitaria. Un enorme gasto que pagaremos entre todos. El TAV solo unirá grandes capitales y será incapaz de reducir el tráfico por carretera. Ya que, dado el actual modelo productivo extendido por el territorio, este tráfico seguirá creciendo (13% anual) y a que estas líneas son incapaces de mover mercancía pesada, la mayoritaria en este tipo de transporte. Además, no reducirá los desplazamientos en coche que, en su mayor parte, se realizan a distancias cortas y medias. ¿Qué sentido tiene, pues, construir esta infraestructura tan impactante, inútil y cara que solo será usada habitualmente por una minoría de la población? Por una parte, significa un nuevo impulso al negocio de la construcción tan querido por nuestras instituciones y necesitado de un creciente volumen de obras, más aún en la actual crisis. Un modelo que ya se ha demostrado completamente ineficaz para proporcionar unas condiciones de vida dignas para toda la población. Por otra parte, la inversión pública en infraestructuras de transporte se presenta como motor imprescindible del crecimiento económico. En este sentido las instituciones nos plantean un chantaje claro: o se construyen las líneas de alta velocidad o no se creará empleo y retrocederemos en el actual marco de competencia global. ¿Acaso no podemos poner en práctica otras formas de proporcionar condiciones dignas de vida que no pasen por la construcción de más infraestructuras de transporte, por ganar tiempo en los trayectos al precio que sea, por la exigencia de más crecimiento económico? ¿No está siendo evidente que el desarrollo de una minoría se construye sobre la aniquilación y saqueo del planeta, sobre la explotación, despojamiento y sufrimiento de la mayoría de la población? ¿No está siendo palpable que como sociedad nos vemos cada vez más dependientes e impotentes a la hora de tomar cualquier decisión colectiva sobre nuestras formas de vida? ¿No es cada vez más manifiesto que el sueño de felicidad basado en el aumento constante de las cuotas de consumo es un mito? La crítica de esta macroinfraestructura supone la puesta en cuestión de valores incuestionables como la bondad de el ir más lejos y más deprisa, con lo cual surge la necesidad de transportes más rápidos todavía para suprimir las nuevas distancias que se han creado. Supone la exigencia de poder decidir sobre nuestras formas de vida más allá del voto cada cuatro años y de los chantajes demagógicos que gritan que es irresponsable poner en entredicho la sumisión de nuestras vidas y nuestra tierra a las exigencias del negocio y el crecimiento económico, siempre necesario y por definición jamás logrado. Existen más que suficientes razones para oponerse a la construcción del Corredor navarro de Alta Velocidad y a la Y vasca. Porque pararlo entre todos no es solo posible sino necesario. Porque la aceleración de este modelo, sumido en una ruina medioambiental, económica, social y política, nos aboca a mayores desastres y nos coloca en condiciones cada vez más dependientes e impotentes. Porque más, velocidad, producción, consumo, medios técnicos… no siempre es mejor. Porque se hace imprescindible parar la destrucción. Por que no lo queremos, porque deseamos que la gente sepa todas las mentiras que hay sobre el TAV, y porque vamos a denunciar la imposición? el 8 de mayo todos-as a Zizur! * Miembro de AHT Gelditu! Elkarlana


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