Albistea

  • Valoración de Eguzki sobre el plan de residuos de la Diputación de Gipuzkoa

    2012-07-05

    Los guipuzcoanos llevamos tiempo debatiendo (o, al menos, dándole vueltas) a la estrategia o estrategias a seguir para abordar la problemática de los residuos que generamos.

    Eguzki argazkia, errausketari ez 2012

    Sobre el Plan Integral de Gestión de Residuos Urbanos de Gipuzkoa 2002-2016 (PIGRUG), el anterior gobierno foral aprobó el Documento de Progreso 2008-2016 (DdP) y el actual ha presentado la Estrategia de Desarrollo del Documento de Progreso 2012-2016 (EDDdP).

    Digamos, para facilitar la orientación a quien se haya perdido en esta ensalada de siglas, que es esta EDDdP la que vamos a valorar en las siguientes líneas.

     

    Una cuestión previa y fundamental

     

    Insistimos: vamos a valorar la Estrategia. ¿Por qué sentimos esta necesidad de insistir? Porque, lamentablemente, el debate –si es que se puede denominar debate al rifirrafe partidista al que estamos asistiendo– no se está planteando en torno a la propuesta o las propuestas que contiene la Estrategia –de hecho, a juzgar por alguna de las cosas que se oyen, no nos cabe la menor duda de que algunos de los que pontifican al respecto ni siquiera se la han leído­–, sino sobre qué institución o instituciones son las competentes para aprobarlas. ¿Las Juntas Generales?, ¿la Diputación?, ¿los ayuntamientos?, ¿el Consorcio de Residuos?, ¿las mancomunidades?

    Nosotros no vamos a contribuir a alimentar esta desviación del verdadero debate. Y no porque no tengamos claras las ideas sobre la “legitimidad” de determinadas decisiones tomadas en el pasado, sino porque, como ecologistas, lo que nos interesa es hablar de los contenidos de la Estrategia, de sus aspectos positivos, de las dificultades que plantea su desarrollo, de sus carencias, que las tiene, o de sus posibles mejoras. Éste es el auténtico debate que los guipuzcoanos necesitamos y nos merecemos.

    Que nadie se equivoque. No hacemos un llamamiento a “despolitizar” el debate, sino justo lo contrario: llamamos a “repolitizarlo”, a hablar de política, de política de residuos (siempre con el correspondiente soporte técnico, lógicamente), y a rescatarlo de la utilización “partidista”, en el peor de los sentidos, que está convirtiéndolo en pura munición electoral, haciendo abstracción de cuál es el mejor o, al menos, el menos malo de los caminos para abordar la cada vez más acuciante problemática de los residuos que todos generamos.

    Por eso, del mismo modo que instamos a los partidos a que debatan de una vez sobre el contenido de la Estrategia, animamos a las personas, asociaciones y entidades guipuzcoanas que se sientan concernidas a no dejarse enredar en el rifirrafe competencial y a hacer públicas sus opiniones o propuestas sobre la Estrategia.

     

    Los pros de la EDDdP (2008-2016)

     

    De la lectura detallada del documento, extraemos las siguientes conclusiones positivas:

     

    1.- Es notablemente más ambicioso que los documentos anteriores (el PIGRUG y el DdP) en cuanto a los objetivos en materia de reciclaje y prevención de residuos urbanos.

    Propone alcanzar un 60% de recogida selectiva para el 2016 y un 75% para el 2020. Tras cuatro años de vigencia del DdP, las medidas que ha implementado no han permitido alcanzar cotas de reciclaje por encima del 32-33%, y ahí se han estancado, no progresan. Algunos municipios han superado esas cotas, pero precisamente porque han adoptado medidas que van más allá de las previstas en el DdP.

    En cuanto a la prevención, la propuesta de la EDDdP no es excesivamente ambiciosa, pues plantea un descenso sólo del 1% anual en la generación de residuos. Y, a pesar de ello, parece mucho más ajustada a la realidad que la del DdP, que preveía un incremento anual continuado que el tiempo –y la crisis– han demostrado erróneo (12% de error). La propuesta de prevención de la EDDdP prevé, además, una práctica que, desde el punto de vista de Eguzki, es muy positiva. Se trata del compostaje doméstico y el compostaje comunitario, herramientas muy eficaces también para impulsar una actitud responsable entre los ciudadanos.

     

    2.- Desde el punto de vista económico, la EDDdP presenta ventajas indiscutibles. Se trata de la mayor diferencia, sin duda, con respecto a los documentos anteriores.

    182 millones de euros de coste frente a 380 millones. Es decir, el precio de esta propuesta es el 46% del de la anterior o, si se prefiere, la anterior era un 108,6% más cara que ésta. Una diferencia enorme, que, sobre todo en tiempos de crisis como los actuales, podría ser motivo suficiente para decantarse. Para que nos hagamos una idea: con la anterior, las infraestructuras de tratamiento de residuos nos costarían a cada familia 980 euros más que con ésta.

     

    3.- Descentralización de las diferentes plantas de residuos.

    Esto implica que los residuos se tratarán más cerca de donde se producen y, por tanto, los camiones que los transporten deberán recorre muchos menos kilómetros, 5.246.000 frente a 11.725.000 (un 55% menos), lo que implica reducción del tráfico,  ahorro de combustible, disminución de la contaminación y ventajas económicas.

    La descentralización permitirá crear un mayor número de puestos de trabajo (120) y, además, repartidos de forma más homogénea en el conjunto del territorio.

    La descentralización significa también que los ciudadanos estarán más cerca de donde se tratan sus residuos. Esto quizá les parezca una desventaja a quienes les da igual lo que se haga con la basura siempre que sea lejos de su casa, pero, desde nuestro punto de vista, es una ventaja, sin duda, pues llevará a la mayoría de los guipuzcoanos, entre los que, en general, dicho sea de paso, el nivel de sensibilidad con los temas ambientales es alto, a tomar una mayor conciencia de su responsabilidad con los residuos.

     

    4.- La EDDdP aborda en serio la cuestión de la materia orgánica.

    La mayor parte de la basura que generamos, entre un 40 y un 45%, está constituida por materia orgánica. Éste es el verdadero caballo de batalla, y cualquier estrategia que no pivote sobre algo tan evidente será coja y manca, al menos si de verdad se pretende dar una salida integral a la problemática de los residuos. Quienes han redactado la EDDdP sin duda se han tomado en serio la cuestión. Saben que para alcanzar los niveles de reciclaje que proponen no será suficiente con mejorar la recogida selectiva de materiales inorgánicos (vidrio, envases, papel…), sino que sobre todo tendrán que aumentar el tratamiento de la materia orgánica. Para ello, han previsto la construcción de 6 plantas de compostaje + 1 planta de digestión anaerobia.

     

    5.- La EDDdP no contempla la necesidad de una incineradora, y mucho menos de la capacidad prevista en el DdP.

    Reduciendo la generación de residuos (la EDDdP habla de un “conservador” 1% anual) y, sobre todo, aumentando el nivel de reciclaje hasta el 60%, la incineradora se quedaría definitivamente sin “combustible”, por lo que ya no cabría discusión no sólo sobre su “necesidad”, sino también sobre su viabilidad, ambas puestas siempre en entredicho.

    Prescindir de la incineradora despeja cualquier problema de contaminación y afección a la salud de las personas y del medio ambiente, además de ahorrar dinero y generar más puestos de trabajo. Eliminará también esos “problemillas colaterales” del vertido de escorias (65.000 toneladas anuales) y del tratamiento de las cenizas tóxicas (16.000) que los partidarios de la incineración prefieren siempre obviar.

    Nunca se repetirá lo bastante que un sistema basado en la incineración, además de ser contaminante, no elimina la necesidad de vertederos, frena el reciclaje y es caro (incluso desde el punto de vista estrictamente económico puede ser una grave hipoteca). Bizkaia, por ejemplo, lleva 8 años incinerando sus basuras en la planta de Zabalgarbi; no recicla más del 33% de sus residuos urbanos; mantiene abiertos 3 vertederos (Jata, Artigas e Igorre), en uno de los cuales arroja las escorias de la incineradora; y desde el punto de vista económico las cosas no van bien para el sistema, hasta el punto de que estudia importar basura para proporcionar carga de trabajo a la planta de Zabalgarbi.

     

    6.- Otras ventajas que vemos en la EDDdP:

    – Producir energía a través de la Planta de Digestión Anaeróbica.

    – Poner fecha (2015) para el cierre de los vertederos actualmente existentes.

    – El tratamiento de la fracción resto, recuperando parte de lo reciclable e inertizando el resto y almacenándolo en balas susceptibles de ser utilizadas para la regeneración ambiental de canteras abandonadas (no obstante, a esta última cuestión, que consideramos muy interesante, también le vemos posibles pegas, que analizamos en el apartado siguiente).

     

    Algunas carencias y puntos débiles que vemos en la EDDdP

     

    1.- El plan y sus “circunstancias”.

    A nadie se le escapa que este plan no ha sido traído al mejor de los mundos ni en las mejores condiciones posibles. Es un plan que trata de responder a una situación que no nos parece exagerado calificar como de emergencia. Obliga a desarrollar muchas infraestructuras y muchas iniciativas en muy poco tiempo, lo que, aparte de acarrear sin duda problemas de gestión, tampoco facilita que el debate entre todas las fuerzas implicadas sea sereno y esté al margen de coyunturas políticas como las que vivimos. Otro tanto cabe decir de la socialización y asunción consciente por parte de la población de los cambios necesarios que el nuevo sistema requiere, socialización y asunción consciente a las que la premura de tiempo y el ruido partidista no contribuyen. No son, desde luego, dificultades achacables al propio plan, sino a sus “circunstancias”. Pero a nadie se le escapa que son estas “circunstancias” las que constituyen precisamente su principal punto débil. Por eso consideramos imprescindible no desdeñar la menor ocasión de debatir, explicar y, en definitiva, hacer pedagogía. Los guipuzcoanos, lo hemos dicho antes, tienen en general un alto nivel de conciencia ambiental y social, con independencia de que voten a tal o cual partido o no voten. Todo esfuerzo por conectar con esa mayoritaria conciencia será poco. Y, eso sí, si se consigue, habríamos hecho de la necesidad virtud.

     

    2.- El almacenamiento en balas de la fracción resto.

    Desde el punto de vista estrictamente ambiental, dentro del EPPdP son estas balas las que nos plantean más dudas. El plan prevé que los residuos que no se reciclen reciban un tratamiento biológico, se estabilicen y se almacenen en balas. Balas que se utilizarían en la restauración ambiental de canteras abandonadas. Esta propuesta, que no es novedosa, pues ya hace varios años que el PSOE, con Odón Elorza y Denis Itxaso al frente, propusieron una alternativa parecida, tiene sus pros y sus contras. Tiene sus pros, como hemos consignado en el apartado anterior, porque, mira por dónde, pueden dar pie a que se acondicionen de una vez tantas y tantas canteras abandonadas sin restaurar debidamente por sus propietarios. Ahora bien, y aquí vienen los contras, para ello es preciso garantizar que esas balas contengan un tanto por ciento muy bajo de material biodegradable y que los posibles lixiviados se recojan en su totalidad. Habida cuenta, además, de que buena parte, si no la mayoría, de las canteras abandonadas en Gipuzkoa son calizas, por tanto, muy permeables, asegurar que el proceso de inertización y embalaje sea perfecto es imprescindible para que el almacenaje sea totalmente inocuo. Nos parece que el EPPdP debería desarrollar más esta cuestión.

     

    3.- Mayor ocupación de suelo.

    Al contemplar un mayor número de plantas de tratamiento, la ocupación de suelos aumenta. En la EDDdP se habla de que serán necesarias un total de 12’8 hectáreas para albergar las plantas. Creemos que estos cálculos son optimistas, pues posiblemente estén sin contabilizar las necesarias infraestructuras viarias para acceder a ellas. Reconocemos también que este aspecto podría ser compensado con la restauración ambiental de canteras abandonadas.

     

    4.- Falta de concreción sobre los sistemas de pago en función del volumen de residuos generado.

    La EDDdP habla de la necesidad de fomentar sistemas de pago en función del volumen de residuos generado. Pero no especifica ni cómo ni para cuándo. El DdP también hacía mención a esta necesidad, pero, cuatro años después, la propuesta no termina de arrancar. En la EDDdP tan sólo se le dedica una línea a esto, por lo que consideramos que es necesario un mayor desarrollo y concreción.

     

    Una reflexión final

     

    La EDDdP en sus páginas 50 y 126 de las versiones en euskara y castellano, respectivamente, hace una apuesta muy somera por el modelo de recogida selectiva obligatoria. Y, para nosotros, éste es el quid de la cuestión de los residuos.

    Reconocemos que, incluso en el seno de EGUZKI mantenemos puntos de vista diferentes sobre cuál es el mejor modelo a seguir para la recogida selectiva. Pero sobre si participar en ella ha de ser obligatorio o voluntario no tenemos discrepancia alguna.

    Las personas que utilizan el 5º contenedor, participan en el puerta a puerta y hacen autocompostaje pueden llegar a reciclar en total en torno al 90% de sus residuos. Pero el problema es que quienes participan en la recogida selectiva de la materia orgánica a través del 5º contenedor, que actualmente es voluntaria, difícilmente superan el 20% de la población de los barrios y pueblos en los que está implantado el servicio. ¿Qué hacemos con el 80% restante? Es más, ¿qué hacemos con ese aproximadamente 30% de personas que no reciclan no ya materia orgánica sino nada o casi nada? ¿Es justo que los ciudadanos responsables con sus residuos afronten con su esfuerzo y su dinero la irresponsabilidad de casi un tercio de la sociedad? ¿Malgastar materiales no renovables, incrementar los gastos de tratamiento de los residuos, perjudicar a la naturaleza y contaminar se puede entender como un acto de “libertad”? ¿La “libertad” de no reciclar y contaminar debe ser considerada como un derecho que, además, pueda ser ejercido gratuitamente?

    Nosotros nos hemos hecho estas preguntas y, como ecologistas, no tenemos dudas sobre cuáles son las respuestas. Pero son todos los agentes que constituyen la sociedad guipuzcoana quienes deben hacérselas, porque de las respuestas que den se derivará la solución a nuestros residuos. Nosotros estamos convencidos de que optarán por la mejor, por la más saludable y ambiental y económicamente sostenible. Para ello es imprescindible que no dejemos la respuesta exclusivamente en manos de los partidos.

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